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lunes, mayo 08, 2006

"A pesar de todo… soy feliz"

___Hoy he corroborado que, a pesar de todo, soy feliz. Es algo extraño, suelo ser bastante quejica, optimista hasta la médula, pero quejica como el que más.

___Ayer domingo me desperté dispuesto a pelearme por tercer día consecutivo con el AviD Xpress Pro (estoy aprendiendo a usar el programa de edición de vídeo que usan los “profesionales”), pero aún no sabía las sorpresas que me depararía el día.

___Al ir a la cocina dos vasos de cristal cayeron al suelo. Es habitual en mí romper de vez en cuando alguno, pero nunca DOS A LA VEZ. Bueno, eso sólo era el prólogo. Los que me conozcan saben que soy una persona despistada y patosa, no llego a Mr. Bean, pero entre mis proezas se encuentran lindezas como cerrar la puerta del coche con la mano aún sobre el techo o comerme una señal de tráfico con la cara (caminando).

___Después de comer fui al lavabo, con tan mala pata que tras mear, el móvil cayó dentro de la taza. Eso no sería más que simplemente “gracioso” sino fuera porque… ¡es la segunda vez que se me cae! (De hecho, la segunda vez que se me cae ESTE móvil, porque el anterior también se me cayó una vez). Como ya soy un experto en esto de los móviles mojados, lo primero que hice fue meterlo un par de segundos bajo el grifo. Sí, parece una locura, pero… no me dio tiempo a tirar de la cadena y yo eso no me lo vuelvo a meter cerca de la oreja sin pasarlo bajo el grifo y proceder a una rigurosa desinfección.

___Algo más tarde, tras desmontarlo y secar con papel higiénico cada una de las piezas, vi que al encenderlo la pantalla hacia lo que le daba la gana. Se veían docenas de líneas de colorines, la pantalla parecía de lo más psicotrópica. Lo agité y escuche el agua que aún quedaba en el interior. Así que lo puse frente a la estufa de aire del cuarto de baño. Minutos después, estaba un poco más seco. Lo encendí. Ninguna mejoría.

___Pasé toda la tarde montando con el AviD, a pesar de seguir odiando el programa, conseguí acabar el video antes del plazo previsto, así que me decidí a acabar de ver la película que tuve que dejar a medias la noche anterior: “Chinatown” de Roman Polanski. Cabe decir que la película es excelente, aunque personalmente creo que está sobrevalorada (no me canso de leer lo buena que es en toda clase de libros de guión y técnica cinematográfica).

___Bueno, escena final, Jake Gittes observa un buen charco de sangre (no pienso reventaros cómo acaba). Me levanto de mi silla, satisfecho, me dirijo a la cocina nuevamente… y ATRAVIESO UNA PUERTA DE CRISTAL.

___Ahora razonemos todos juntos: para atravesar una puerta de cristal… o eres uno de los X-Men (que no es el caso) o has roto la puerta. Efectivamente, mi mejilla izquierda se comió el marco de madera de la puerta, rebotando y rompiendo el cristal con la cabeza. Por suerte para mí, me retiré rápidamente hacia atrás, protegiéndome con el brazo izquierdo. Así que tan sólo me corte en el antebrazo y las dos manos. Una de ellas ha acabado vendada (y no imagináis lo que me está costando escribir este post).

___Tras el escándalo provocado por los cristales rotos, mis padres vinieron corriendo, encendieron la luz y me descubrieron con la mano ensangrentada. No me dolía, sólo picaba un poco, así que en todo mi friquismo, me miré la mano y recordé la escena final de “Chinatown”. Sentía un poco de dolor en la cara, así que antes de que pudiera hablar, le pregunté a mi padre si tenía sangre. Dijo que no, y entonces me reí. Me partí el culo y aún no sé por qué. Supongo que era una risa nerviosa, ¡me tragué una puerta a oscuras! Era gracioso.

___Limpiándome la herida me tuve que sacar un par de cristalitos clavados en el brazo, fui a urgencias y allí me curaron en condiciones. Me pusieron la anti-tetánica en el culete… y pa’casa. Ya tenía una aventurilla más que contar.

___El título de este post viene dado por las reflexiones en la almohada. En menos de 16h me había cargado dos vasos, un móvil y una puerta. Motivos suficientes para estar triste. Pero curiosamente no era así, era feliz, porque, a pesar de todo… el día había salido bien. Tras mi exhaustiva limpieza y secado, el móvil parecía haber resucitado por segunda vez (espero que por lo menos me dure un par de meses más), los vasos apenas tienen importancia y la puerta sólo había sido un susto. El optimismo me asaltó. Era feliz porque lo que de veras importaba en mi vida seguía ahí, y por muchas cosas que rompiera, estas no tenían más importancia que las que yo les quisiera dar.


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