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jueves, diciembre 20, 2007

"La brújula dorada"

_Ya hace unos años que el estreno de adaptaciones de libros de fantasía es una constante. En la mayoría de los casos son superproducciones que llegan poco antes de navidad y llenan el hueco que dejó “El señor de los anillos” y en breve dejará “Harry Potter”. Este año destaca “La brújula dorada”, adaptación de “Luces del norte” de Phillip Pullman, un excelente libro que ha dado lugar a una película entretenida pero algo irregular.

_ Para los que aún no hayáis leído la trilogía de “La materia oscura”, la película os puede parecer interesante aunque algo compleja, pero para los que nos maravilló la obra de Pullman, la experiencia puede resultar de lo más confusa.

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Los más puristas se llevarán las manos a la cabeza en más de una ocasión, cuando descubran el cambio de numerosos nombres. Y no me refiero al título, que en la edición española del libro es “Luces del norte” (traducción literal del original “Northen lights”) y que en la película han cambiado por “La brújula dorada”, más sugerente y que, además, coincide con el título original del film: “The golden compass”. Este primer cambio llama la atención, pero no es en absoluto algo nuevo, ya que se rebautizó así a la edición estadounidense (algo similar ocurrió con “Harry Potter y la piedra filosofal” que a su versión americana se le llamó “Harry Potter and the sorcerer’s stone”, algo así como “la piedra del brujo”).

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A lo que me refiero es a la traducción española, en la que deliberadamente han rebautizado a los “Giptanos” como “Gipcios”, a los “daemonions” como “dimons” y a los “zampones” como “devoradores”. Desconozco si con la traducción se ha respetado la versión original (del libro y del film) o si, por el contrario, se ha traducido literalmente sin echar cuenta al libro editado en nuestro país. Sea como fuere, para los que lo hemos leído puede parecernos algo chocante.

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A pesar de ser una gran película, creo que los guionistas han tomado un camino fácil, convirtiendo la historia en algo más lineal, eliminando múltiples subtramas que le conferían un halo de misterio y fuerza al relato original y, sobretodo, infantilizando premeditadamente el conjunto para conseguir un producto más comercial. Si por algo llama la atención la obra de Pullman es por ser algo más adulta y oscura de lo habitual, una historia donde no todo es blanco o negro, sino que contiene matices. La película apuesta por plantear la historia en los primeros minutos, eliminando la mayoría de misterios y revelándote cosas que deberías tardar en descubrir. De alguna forma, reducen una trama compleja a la mínima expresión para después poder lucirse en una trama general más simple y sobretodo en su aspecto visual. A menudo esto resulta algo artificioso, como si algunos pasajes acontecieran sólo para desembocar en una inevitable escena de guerra o con el propósito de “maravillar” al espectador.

_Es una película precipitada, en la que todo sucede a un ritmo acelerado. Esas prisas por llegar a las escenas de acción provoca que algunas de las ideas sean difícilmente asimilables y que las escenas más pintorescas ocurran “por que sí”, sin dar demasiadas explicaciones.

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Siempre debemos tener claro que un libro es un libro y una película es una película. En una obra literaria uno puede tomarse su tiempo para leerla y disfrutarla, así que el film siempre tenderá a ir más al grano. Por eso las adaptaciones a la gran pantalla nunca pueden ser literales y tenemos que aprender a verlas como lo que son: la misma historia narrada de otra manera y con otros recursos. En “La brújula dorada” parece que han optado por simplificar hasta convertirla en una película algo deshilvanada, dejando la sensación de que faltan retazos de la historia al espectador que no haya leído previamente el libro.

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En la obra original se incide muy especialmente en dos conceptos: la relación de los humanos con sus daemonions (la representación de sus almas en forma de animal) y en el misticismo de las partículas de “polvo”, que no dejan de ser una metáfora del libre albedrío, el pecado y la libertad. En la película, ambos conceptos están presentes, pero se diluyen en la grandilocuencia de las imágenes y se sintetizan en apenas cuatro frases. Cuando uno lee las páginas de Pullman considera algo atroz separar a un niño de su daemonion, es algo realmente espeluznante, en la película se trata de dar la misma importancia pero quizá sin demasiada fuerza. De la misma forma, el Magisterio sigue haciendo alusión al polvo y lo que representa, pero lo convierte en algo menos profundo, quizá para evitar comparaciones religiosas.

_En mi opinión, creo que la película pierde el norte al no potenciar la trama de los secuestradores de niños, que es, en realidad, lo que mueve a la protagonista en el primer libro de la trilogía.

_Al margen de todo ello, la película es visualmente abrumadora, con unos efectos especiales de alta calidad y unos paisajes retro-futuristas increíbles. A mi parecer, el reparto ha sido una buena elección, empezando por la debutante Dakota Blue Richards, que es una Lyra casi-perfecta y siguiendo por la acertadada decisión de incluir a Nicole Kidman en el papel de la estirada señora Coulter y a Daniel Craig como Lord Asriel. Así mismo, la ambientación y otros aspectos técnicos siguen siendo sobresalientes. La música del genial Alexandre Desplat acompaña al relato quizá sin convertirse en uno de sus mejores trabajos, pero de forma más que efectiva.

_Sin duda alguna “La brújula dorada” es una correcta adaptación de un libro de fantasía, muy superior a filmes como “Eragon”, que a muchos nos dejaron con la espinita clavada, aunque inferior a las ya mencionados “El señor de los anillos” o la saga “Harry Potter”. “La brújula dorada” merece rodar sus dos próximas secuelas, para la que está claro que se han reservado más de un as bajo la manga, aunque, como siempre, todo dependerá de la respuesta del público. ¡Crucemos los dedos!



Direcciones de interés:

-Artículo publicado en: EspadayBrujería.