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lunes, agosto 21, 2006

"París: Día 05 - El Louvre"

___Desde que llegamos a París no habíamos parado, pero lo que aún no habíamos hecho era ir a un museo. Y para empezar con nuestras visitas culturales, nada mejor que ir al Louvre, quizá el más famoso del mundo. Y no es para menos, ya que su infinidad de salas lo convierten en un museo de esos que no te lo acabas en un día.

___Laure no pudo acompa- ñarnos, tuvo que cuidar el hijo pachucho de Eloise, una amiga. Por suerte, nosotros ya nos conocíamos París lo suficiente como para prescindir de nuestra guía particular. Llegamos al Louvre y sus pirámides de cristal nos dejaron boquiabiertos. Eso que dicen en "El código DaVinci" de que "...las pirámides del Louvre son una cicatriz en el rostro
de París" (citando a Bezu Fache), es una soberana tontería. Las pirámides contrastan perfectamente con el edificio construido en 1090 y además facilita el acceso al lugar.

___El recibidor del museo es casi tan grande como la primera planta de un centro comercial. Comprar la entrada es fácil, pero verdaderamente agobiante. No hay que hacer casi cola, pero hay tantísima gente (incluso siendo lunes y a primera hora), que lo que podría ser un paseo relajado disfrutando
del arte de cada sala, se convirte en un tour a lo Benny Hill, cuyo objetivo es ver las obras destacadas mientras esquivas japoneses lentorros y personal de seguridad prohibiéndote que hagas fotos. Un show, pero aún así vale la pena.

___Primeros decidimos pasear por el ala Richeleu, donde se encuentra la pintura europea. Llegamos hasta "La Gioconda" (también conocida como "La Mona Lisa") de Leonardo DaVinci. Y... qué queréis que os diga. Me dejó un poco frío. No sólo porque el cuadrito de marras es tamaño folio, sino porque además es feo de narices. Vaya, que no me lo colgaría en mi cuarto junto al poster de "Spirit of Wonder". Debo admitir que quizá me dejé influir demasiado por el hecho de que tenía que dar saltitos para verlo (había unos 100 japoneses delante), pero no sé, considero que hay otros muchos cuadros en el museo que, aunque no generan tanta expectativa ni hace tanta ilusión verlos, bueno... transmiten mucho más. Por cierto, intenté hacerme una foto junto al cuadro (de estranquis), pero lo cierto es que el personal de seguridad es de lo más apto. Al encender la cámara me asaltaron dos tías entrajadas negándome con el dedo y me pareció ver a un tercero en la distancia apuntándome con un rifle. Pero no me daría por vencido: yo-quería-mi-foto y nadie me lo iba a impedir...

___...así que me fui a una de las tiendas de souvenirs y me hice una con un poster. Mi plan era llegar a casa y recortar la imagen para que sólo saliera el cuadro y yo, pero tras varios intentos me di cuenta de lo patético del asunto y la dejé tal y como estaba. Después vimos la "Venus de Milo", o lo que es lo mismo, una estatua sin brazos (¿a que dicho así pierde todo el encanto?), y "La víctoria de Samotracia", que tras ese mágnanimo nombre... ¿a qué no lo adivináis? ¡Síii!, ¡otra estatua mutilada! Esta no tiene ni cabeza ni brazos. Impresionante, tendrían que cambiar de nombre al museo y llamarlo "Museo Kill Bill" (por lo de los miembros cercenados). Fuera bromas, la samotracia tiene su aquél, me encantan la forma de sus alas, y a la venus por lo menos puedes observarla con comodidad (sí, japoneses sigue habiendo, pero como la "manca" está en alto y ellos habitualmente son bajitos, problema resuelto).

___Seguimos nuestro recorrido por las salas grecoromanas y nos decidimos a ir al grano, a lo importante: ¡a la sala egipcia! El plano hablaba del busto de Akhenatón, y eso había que verlo. Tras un exhausto repaso a todo tipo de figuras de lapizázuli, bustos de Nefertiti, sarcófagos y gatos, sobre todo figuras de gatos, llegamos al "Cocojarro" (así lo bautizó Isa), una especie de bicho pintado en uno de los pergaminos que parecía ser una mezcla entre cocodrilo-jabalí-y-perro.

___Decidimos salir fuera para comer. El interior del Louvre cada vez estaba más lleno y en su cafetería te pegaban una clavada de 3,10€ por una Coca-Cola. Así que nos fuimos a comer nuestro bocadillo al jardín de Les Tulleries. Muy mono, muy relajante, muy divertido. Estuvimos casi dos horas tirados en el césped, comiendo, descansado y disfrutando del paisaje. Observamos a una chica coreana sentada con una Gothic Doll (esas muñecas tan tétricas), y a una super-mega-pija en plena sesión de fotos en los jardines (tres cuartos de horas haciéndola fotos, que cansina).

___Tras la pausa descubrimos "Le Carroussel du Louvre", un paso subterráneo lleno de tiendas de souvenirs y una Virgin Megastore, muy de moda en París (casi tanto como FNAC). Aquí en Barcelona desapareció la única que había hace ya tiempo. Por cierto, en Virgin encontramos el manga de "Full House", que para quien no lo sepa es un k-dorama que es la bomba, ¡todos a descargarlo de vuestro fansub!


___El Louvre cierra pronto, a las 18h estábamos fuera, pero antes visitamos los aposentos de Nap
oleón, ¡no veas como vivía el tío! Sólo con el lavabo me hacía yo un chalet. Quedamos con Laure a la salida, nos llevó paseando por el centro. Vimos la Plaza de la Concordia (irónicamente, antes llamada "Plaza de la revolución", ya que allí es donde guillotinaban a la gente), preparándose para el desfile militar de la fiesta nacional y el panteón a lo lejos. Finalmente visitamos algunos puentes hasta llegar al de las Artes y las ciencias, donde, curiosamente, descubrimos una vez más la enfermiza obsesión de los franceses por los pic-nics al aire libre, ¡y yo que me alegro! Lo que más me sorprendió es pensar: ¿dónde está el calimocho?, ¿y el botellón? No amigos míos, esa gente tiene estilo. Grupos de jóvenes en el suelo con sus fiambreras de Taboulé (muy de moda en esas tierras), y parejas maduras compartiendo copas de champagne a la puesta de sol (hasta nos ofrecieron una). Eso es vida y lo demás son tonterías.

___Acabamos el día visitando las columnas blancas y negras (bitelchusianas más no poder) de Daniel Buren en el patio del Palais-Royal. Una ida de olla de plaza que nos vino que ni pintado para hacernos una de esas fotos chorras aunque divertidas que siempre queda bien en todo álbum vacacional.


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