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miércoles, agosto 02, 2006

"París: Día 04 - Pic-nic religioso"

___Nos despertamos con una agradable lluvia matinal. Me habían avisado de que los croissants franceses nada tenían que ver con los españoles, que los verdaderos croissants sabían a mantequilla y que estaban más bien tirando a malos... a mi me supieron exactamente igual. ¡Y bien buenos que estaban! Para el domingo, Laure nos había planeado un pic-nic con algunos de sus amigos en el parque de Buttes-Chaumont, pero la lluvia frustró lo de tenderse a comer sobre el césped mojado y finalmente nos llevaron a comer sobre un tejado.

___Habían quedado al salir de la misa de las 12h, pero nosotros nos retrasamos y fuimos directamente al edificio que se encontraba frente a la iglesia. Entramos y vimos imagenes religiosas por todos los lados. Aquello era sospechoso. Después subimos unas escaleras y aparecimos frente a un coro de asiáticos que cantaban en chino. Aquello era extraño. Más tarde llegamos al piso de arriba y una serie de personajes, cada cual más friki, nos dio la bienvenida. Aquello daba miedo. Primero pensé que saldríamos de aquel local de culto religioso con un riñón de menos, después me di cuenta de lo prejuicioso que era y me imaginé cantando el kumbayá al más puro estilo "Amo a Laura". Aquello era surrealista. Pero ni una cosa ni la otra, al final resultó ser de lo más entretenido.


___Es curioso el concepto de pic-nic que tienen los franceses. En España le hablas a alguien de ir a comer fuera (al aire libre), y lo primero que piensa es en una barbacoa abarrotada de carne, en una paella repleta de mejillones y gambas o en el peor de los casos en ingentes cantidades de embutido y pan. Pero en Le France no es así, quizá ellos valoren más el hecho de estar al aire libre que el de comer. Cada uno traía sus fiambreras y luego cogíamos lo que queríamos. Había pasta, embutido y guarrerías para picar que tanto me gustan (ganchitos, patatas y esas cosas), pero realmente no sobró demasiada comida (aunque tampoco me quedé con hambre). Ese día descubrí el secreto de los franceses para estar tan delgados: comen poco.

___Aunque sí es cierto que le dan al vino que da gusto. Yo soy abstemio por convicción y porque para mí beber un sorbito de vino es como tragarme un litro de colonia. Me sabe a rayos, no estoy hecho para el alcohol. Pero allí se beben una botella de vino de Burdeos con el mismo gusto y rapidez que yo una Coca-Cola. Supongo que por eso les gusta tanto la repostería. Nos dieron a probar una especie de pastelitos llamados macarons (son bastante caros en las pastelerías): ¡buenísimos! El exterior parecía recubierto de pan de ángel (la pasta con la que hacen las hostias en las iglesias) y el interior estaba relleno de una especie de mermelada. Yo no soy muy goloso (me encanta el dulce, aunque prefiero la fruta antes que los pasteles), pero los macarons me supieron a gloria.


___Después de comer, tratando de hacernos entender en francés-de-cuenca y hablando como indios "arropajous" con algunos de los invitados que sabían lo mismo de español que nosotros de francés, Gabrielle, uno de los chicos que se despedían de la ciudad, propuso jugar a un juego. Y su hermana Eloise sacó un paracaídas. Y yo traté de huir despavorido, temiendo que aquellos locos me ataran a la lona de colores y pretendieran enseñarme París desde el aire. Pero no, el paracaídas resultó ser la bomba. Era una especie de tela circular muy grande, llena de colorines y esas cosas. Todos nos pusimos a su alrededor, cogiéndolo con fuerza, y Gabrielle, que parecía tener experiencia como monitor de juegos, empezó a decirnos lo que teníamos que hacer. Que si ahora pa'arriba, que si ahora pa'abajo, que si ahora los que tienen gafas pal'centro, que si después la pelotita que no se caiga. Nos partíamos. Fue de lo más entrañable, sí señor, sobretodo porque había cuatro o cinco críos que se lo pasaban en grande, y sean de donde sean, los niños riéndose siempre dan buen rollo.

___Éramos más de 20 personas, desde niños hasta padres de família e incluso algún que otro abuelo. Fue de lo más surrealista: de viaje en París, bebiendo champagne francés en vasos de plástico en la terraza de un edificio de la iglesia escuchando los ensayos de un coro chino y jugando con un paracaídas. Pero esto es lo mejor de los viajes, conocer gente que de otra forma no conocerías, verles en su salsa, conocer sus costumbres, sus palabras, su forma de moverse y pensar. A veces, un pic-nic surrealista libera más la mente que quince días tostándote en la playa contando granitos de arena.

___Volvimos a casa para preparar la entrevista de esa misma tarde. Pasamos frente la iglesia y Laure nos explicó la historia de un mendigo que siempre está sentado en las escaleras. Cuando le preguntan cuál es su nombre, dice que "Canard" (pato), así que la gente siempre le trae todo tipo de figuritas de patos, estampas con patos e incluso pato para comer. Me pareció una de esas historias dignas de Amélie: "Canard el mendigo".

___Por último, deciros que el refrán "Allí donde fueres, haz lo que vieres" es, quizá, uno de los refranes más acertados de cuantos existen. Eso no quiere decir que si estás perdido en el Amazonas y una tribu come gusanos tostados tú tengas que hacerlo, o si en China te ofrecen un bocado de perro salchicha no puedas rechazarlo, pero sí es verdad que el dejarse llevar y esforzarse por comprender otras culturas, es siempre bien valorado por los lugareños. Además, tu mente te lo agradecerá.