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lunes, julio 24, 2006

"París: Día 02 - Notre-Damme"

___Hacía meses que no dormíamos tan bien. Las noches parisinas han resultado ser fresquitas y agradables. Cuando nos despertamos, un gato que parecía una vaca nos dió los buenos días sentado en la repisa del vecino. Recordaba a uno de esos gatos de las pelis de Ghibli, ¿sería Moon de "Mimi wo sumaseba"? Curioseando a la hora del desayuno, descubrimos la obsesión de Laure por las ranas. Regadera en forma de rana, peluches de rana, tazas con ranas, salvamanteles de ranas, carteles con ranas, fotos de ranas... creo que espera besar una rana y que se transforme en príncipe. Haber si tiene suerte, pero espero no pillarla besando un posavasos en mitad de la noche ¬_¬U

___Fuimos con Laure a Hôtel de Ville, el ayuntamiento de París, ese sería el inicio de nuestro primer día en el centro. Pasamos por el Marché aux fleurs (mercado de las flores) hasta llegar al punto cero de París, una especie de estrella incrustada en el parvis de Notre-Damme, que simboliza el lugar desde el que se miden todas las distancias de Francia. Tras mirarnos los pies sobre la estrella, nos giramos descubriendo la fachada de, posiblemente, la catedral más literaria que haya existido nunca. Notre-Damme lucía espléndida y majestuosa ante nuestros ojos.

___Tras bordearla, descubriendo su patio trasero y varios contrafuertos góticos, encontramos una cola de gente ansiosa por subir a la torre sur. Media hora después, estábamos dentro. Madrugar había sido una buena idea, un poco más tarde y nos habríamos achicharrado durante horas.

___Tras subir durante más de diez minutos por las estrechas escaleras de caracol, uno no piensa más que en tratar de recuperar el aliento a cualquier precio, pero justo cuando te dispones a tomar la primera bocanda de aire, descubres París a vista de pájaro. La torre sur de Notre-Damme no llega a los 100m, pero esa altura es suficiente para poder divisar la Torre Eiffel, el Sacre Cour de Montmatre o el largo recorrido del Sena. La imagen resultaba impresionante, y según Laure, podía considerarse incluso mejor que a lo que veríamos si subieramos al tercer piso de la Torre Eiffel, ya que a 306m es demasiado alto y no distingues algunas formas, pero desde Notre-Damme, puedes disfrutar hasta el más mínimo detalle.

___Recuperamos el aliento, y mientras descansábamos observando París desde lo alto, nos entreteníamos mirando gárgolas en la galería de las quimeras. Todas eran diferentes, lo prometo, no hay ni una igual. La más conocida de todas es Estirga, a la que seguro que habéis visto en más de una foto típica de la ciudad o en un reportaje de la 2. Después, a subir más escaleras, aunque por suerte estas duraron poco y al final del camino nos esperaba un premio: la gran campana. Al entrar en el campanario, no pude reprimir imaginar a Quasimodo dando saltos a lo Tarzán. Al bajar de nuevo, visitamos el interior de la catedral. Notre-Damme es omniosa, monumental, llena de rosetones y arcos de piedra.

___El consejo de hoy es sencillo: si disfrutáis observando, compraos unos prismáticos. Nosotros tenemos unos pequeñitos. No pesan nada, son antireflejantes y muy cómodos. Cuando entras en una iglesia puedes ver los grabados de los rosetones y si estás frente a una buena vista, podrás observarla con mayor detalle. Es realmente práctico.